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Lunes Temáticos: Roma 1700. Los nuevos géneros de la ciudad eterna

Introducción

La Roma barroca fue una ciudad privilegiada para el aprendizaje del arte musical. A los compositores Alessandro Scarlatti y Arcangelo Corelli, las figuras más destacadas  y valoradas por la élite romana de la época, se les atribuye una contribución determinante en la configuración de dos de los géneros más cultivados del momento: la cantata y la sonata para violín, respectivamente.

Por causas ajenas a la Fundación y a los intérpretes, dadas las condiciones climáticas adversas, el concierto de Forma Antiqva programado para el 11 de enero queda aplazado al 15 de febrero.

La peculiar situación jurídica y política de Roma durante el Antiguo Régimen, con una insólita concentración de altas dignidades ecle¬siásticas, representantes diplomáticos, congregaciones religiosas y espacios de culto, desembocó en una frenética actividad musical. Roma no era sólo un lugar de enormes posibilidades para que los músicos encontraran acomodo como miembros de una capilla reli¬giosa o al servicio de algún noble. Era también una ciudad privile¬giada para el aprendizaje del arte musical, en un período en el que Italia era tenida en Europa como cuna de intérpretes y composito¬res que copaban las mejores posiciones en cortes y teatros de todo el continente. La nómina de compositores extranjeros que acudie¬ron a la ciudad en busca de los fundamentos de su estilo compositi¬vo incluye entes sus más excelsos representantes a Georg Friedrich Haendel. No deja de ser sorprendente que siendo su etapa italiana tan breve –entre 1707 y 1709, combinando estancias en Nápoles y Venecia, las otras ciudades italianas musicalmente más relevantes en estos momentos– su impronta fuera tan indeleble en su produc¬ción posterior. Resulta más previsible, en cambio, que gran parte de sus esfuerzos creativos se destinaran entonces a la composición de cantatas: un género refinado que combinaba música y poesía desti¬nado a un público selecto y erudito, como los cardenales Pamphili y Ottoboni para quienes Haendel trabajó estos años. De entonces da¬tan Ditemi, o piante (agosto de 1708) y Stelle, perfide stelle (c. 1708) y, quizá, también la cantata con texto español De tu ceño apartado a él atribuida (según estudios de Juan José Carreras), una de las varias que Haendel compuso en nuestra lengua destinadas a los círculos diplomáticos hispanos asentados en Roma.

A los compositores Alessandro Scarlatti y Arcangelo Corelli, las figuras más destacadas de la Roma barroca, se les atribuye una contribución determinante en la configuración de dos de los géne¬ros más cultivados del momento: la cantata y la sonata para violín, respectivamente. La extensa producción de cantatas del primero, quizá el compositor más prolífico en este campo, le permitió expe¬rimentar con los rasgos que acabarían siendo definitorios en este género (y que el joven Haendel aprendería con sorprendente ra¬pidez): la alternancia estandarizada entre arias y recitados, el con¬texto académico para su interpretación y las metáforas poéticas de los textos. Estos elementos son evidentes en su cantata Lontan da la sua Clori, en el contexto, de nuevo, de las academias promocio¬nadas por la aristocracia romana.

A Corelli, por su parte, le corresponde el mérito de haber elevado la sonata para violín y continuo a un género independiente que  explota, por primera vez en la historia, los recursos técnicos e idiomáti¬cos del violín. Sus extraordinarias Sonatas para violín y continuo  Op. 5, emblemáticamente impresas en Roma el año 1700, se con¬virtieron en modelo indiscutible para el aprendizaje de este ins¬trumento durante varias décadas, siendo posiblemente la obra ins¬trumental más interpretada e imitada durante el siglo XVIII. Entre los arreglos más significativos –desde la perspectiva española– se encuentran los que Santiago de Murcia hiciera en su Passacalles y obras de guitarra por todos los tonos naturales y accidentales de 1732; es posible que incluso Murcia hubiera tenido la oportunidad de coincidir con Corelli en la corte española de Nápoles tres déca¬das antes.

El reconocimiento de la élite romana a la valía artística de Scarlatti y Corelli tiene su testimonio más elocuente en el ingreso de am¬bos, con los poéticos sobrenombres de Terpandro y Arcomelo Erimanteo, en la exclusiva Academia de Arcadia, la institución cul¬tural más erudita de Roma, a la que también perteneció el clave¬cinista y compositor Bernardo Pasquini, bautizado como Protico Azeriano.

 

Fecha: 15 febrero 2010
Lugar: Salón de actos de la Fundación Juan March
Hora: 19:00 horas
Intérpretes:
Entrada libre

CICLO: El sonido de las ciudades

Programa en PDF de "El sonido de las ciudades"

Programa del ciclo:

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