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Lunes Temáticos: Memento mori

Introducción

Memento mori

La conciencia del paso del tiempo y de la fugacidad de la vida, temas recurrentes en el arte y la literatura del barroco, estuvo también presente en la música de ese período. Lamento, meditación, plainte, tombeau y otras composiciones funerarias son géneros cultivados frecuentemente por diversos músicos europeos, entre ellos, el alemán Johann Jakob Froberger y el español Antonio de Cabezón.

No es casualidad que fuera durante el barroco cuando se afiló la conciencia sobre el paso del tiempo y, en consecuencia, sobre la fugacidad de la vida. La ordenación de la vida, de los rituales urbanos y de las labores cotidianas, terminó entonces de ajustarse a las indicaciones que daba el reloj, un artilugio conocido desde siglos atrás y que sólo entonces acabó implantándose como regidor del orden temporal. Esta misma idea pasó a ser uno de los temas frecuentes del arte y la literatura del periodo, obsesionados por recordarnos la mortalidad del ser humano. Las máximas latinas “tempus fugit” y “memento mori” resumían a la perfección estos conceptos tan incrustados en el imaginario y el arte de la Edad Moderna.

En la música también encontró acomodo esta visión. La obra para clave del compositor alemán Johann Jakob Froberger es un caso particularmente ilustrativo, con una obra innovadora cargada de referencias programáticas relacionadas con la muerte. Lamento, meditación, plainte y tombeau son géneros habituales en sus obras, compuestos para llorar la muerte de alguien cercano al autor, desde mecenas hasta colegas. Las evocadoras descripciones de sus prolijos títulos se complementan con pasajes musicales igualmente representativos. La lamentación sobre el fallecimiento del rey Fernando IV, acontecido en 1654, termina con una escala que asciende cuatro octavas como metáfora de su marcha regia al cielo, mientras que la lamentación sobre el emperador Fernando III, datada en 1657, está en la insólita y lúgubre tonalidad de Fa menor. En un gesto tan irónico como escabroso, Froberger incluso compuso una obra sobre su propia muerte futura.

La influencia de estas composiciones funerarias de Froberger en los compositores franceses tiene su mejor prueba en la obra en honor a Bloncrocher (c. 1605-1652), cuya desgraciada muerte tras caerse por unas escaleras también es recreada en los pasajes descendentes de los tombeaux de sus contemporáneos Louis Couperin y Denis Gaultier. Este género, típicamente francés del siglo XVII (véase pp. 68-69), trascendió este espacio y este tiempo como muestran los ejemplos del alemán Sylvius Leopold Weiss, originalmente para laúd, datados en 1719 y 1721.

En el ámbito luterano, la aproximación a la muerte en música tenía lugar a través de los corales y las obras —generalmente para órgano— que se componían sobre estas melodías, bien conocidas por los feligreses. Los ejemplos de Walther, Pachelbel y Scheidt sobre corales que recuerdan la fugacidad de nuestra existencia, ilustran bien la solidez de esta tradición germánica que tuvo en Bach su mejor continuador. Un procedimiento análogo subyace en la obra del español Antonio de Cabezón, en la que se transfiere al teclado con ornamentación añadida la famosa chanson Triste départ m’avoit de Nicolas Gombert, igualmente elocuente en su mensaje inequívoco: el fatal destino que todos afrontaremos.

Fecha: 13 diciembre 2010
Lugar: Salón de actos de la Fundación Juan March
Hora: 19:00 horas
Intérpretes:
Entrada libre

CICLO: Músicas para el buen morir

Programa en PDF de "Músicas para el buen morir"

Programa del ciclo:

  • (I) Réquiem (1) (4 octubre)
    • Schola Antiqua. Director: Juan Carlos Asensio
    • El Oficio de Difuntos en el ritual gregoriano
  • (II) Stabat Mater dolorosa (15 noviembre)
    • Contrasto Armonico. Director: Marco Vitale
    • Obras de G. F. Haendel, F. M. Veracini y G. B. Pergolesi
  • (III) Memento mori (13 diciembre)
    • Herman Stinders, clave
    • Obras de J. G. Walther, J. J. Froberger, J. Pachelbel, A. de Cabezón, L. Couperin, D. Gaultier, S. L. Weiss y S. Scheidt
  • (IV) Réquiem (2) (10 enero)
    • Música Ficta. Raúl Mallavibarrena, director
    • Responsorios de Tinieblas, de Tomás Luis de Victoria
  • (V) Dies Irae (7 febrero)
    • Raúl Prieto, órgano
    • Obras de C. Franck, J. Reubke, M. Reger y J. S. Bach
  • (VI) Réquiem (3) (7 marzo)
    • Cuarteto Voce (Cécile Roubin, violín; Sarah Dayan, violín; Guillaume Becker, viola; y Florian Frère, violonchelo)
    • Requiem en Re menor KV 626, de W. A. Mozart (arreglo de Peter Lichtenthal)
  • (VII) Tombeau. In memóriam (4 abril)
    • Ana Guijarro, piano
    • Obras de C. Debussy, M. de Falla, J. Rodrigo, M. Castillo y M. Ravel
  • (y VIII) Lamentos (9 mayo)
    • Ensemble Laboratorio 600 (Giuseppe de Vittorio, tenor; Ilaria Fantin, archilaúd; Katerina Comte El Ghannudi, arpa; y Franco Pavan, tiorba)
    • Obras de C. Milanuzzi, G. A. Colonna, G. G. Kapsperger, L. Rossi, F. Provenzale y anónimos
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Ver vídeo: Músicas para el buen morir.  Réquiem
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