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  • Eduardo Ocón
  • 1833 - 1901
  • Eduardo Ocón Rivas
    El romanticismo musical español, todavía tan mal conocido, tiene en el compositor andaluz Eduardo Ocón Rivas (1833-1901), una personalidad artística que estará presente entre nosotros cuando la vida musical española regularice sus planteamientos y tenga el desarrollo y la difusión que su historia y sus protagonistas merecen. De todos modos, hay que advertir que Ocón no es de los autores más olvidados de su época. Málaga, la ciudad por la que tanto hizo en el plano musical, le recordó siempre, dedicándole una calle, una plazoleta con su monumento en el parque, y ejecutando de vez en cuando alguna de sus obras. Málaga conmemoró el primer centenario de su nacimiento y dio su nombre al patronato que rige la Orquesta Sinfónica. Con motivo del centenario de la fundación del Conservatorio, obra de Eduardo Ocón, se han celebrado diversos actos en su homenaje, entre los cuales se hizo la presentación de un disco de Gloria Emparán que contiene la totalidad de la obra pianística del maestro malagueño.

        La grabación es el resultado de la labor investigadora desarrollada incesantemente por la Cátedra de Música Rafael Mitjana, de la Universidad de Málaga, de la que es titular el profesor Antonio Martín Moreno. Junto al disco, pronto aparecerá la edición de las obras pianísticas que en él se recogen editadas en su día y hoy completamente agotadas. Hace algunos meses, y también fruto de la investigación citada, la Orquesta Nacional de España, bajo la dirección de Jesús López Cobos, estrenó en el Teatro Cervantes malagueño, con motivo del primer centenario del Conservatorio Superior de Música de Málaga, un andante en la menor cuyo manuscrito se encuentra en la citada institución docente, revisado por Antonio Martín Moreno. Dicho andante pertenece a una Sinfonía, incompleta, de Eduardo Ocón.

        Eduardo Ocón Rivas nació en el pequeño pueblo campesino de Benamocarra, a cinco kilómetros de Vélez-Málaga, el 12 de enero del año 1833. El académico de Bellas Artes de San Telmo, compositor y profesor del Conservatorio de Málaga, Manuel del Campo, en unos apuntes biográficos de Ocón, nos dice que era hijo legítimo del matrimonio formado por Francisco Ocón López y María de los Dolores Rivas Román, y entre sus ascendientes había escritores, dignidades de la catedral malagueña e incluso obispos. El compositor tuvo seis hermanos, entre los cuales Emilio fue célebre pintor y creó en Málaga una importante escuela paisajística, destacando él como autor de muy bellas marinas. En la familia ha habido pintores y músicos destacados hasta nuestros días, uno de los cuales es el musicólogo, pianista y compositor Antonio Ruiz-Pipó.

        Siendo muy niño, fue Eduardo Ocón a Málaga y empezó a estudiar solfeo, contrapunto y fuga con Mariano Reig, maestro de capilla de la catedral, a la vez que estudiaba piano y órgano con Murguía, entonces organista de la Catedral y sobrino del célebre organista y compositor Joaquín Tadeo Murguía (1789-1836).

        A los 18 años obtuvo, mediante oposición, la plaza de segundo organista, meritorio puesto si tenemos en cuenta su condición de seglar.

        Debió ser Ocón un excelente improvisador al órgano, instrumento que apreciaba hasta el punto de solicitar, en los últimos años de su vida, autorización del Cabildo para vivir en una de las torres de la catedral para estar cerca de los bellísimos órganos que Julián de la Orden, organero de la catedral de Cuenca, había construido entre 1778 y 1782, cuyas cajas son obra maestra del arquitecto aragonés José Martín de Aldehuela.

        El año 1867 se trasladó Ocón a París para ampliar estudios. En el Conservatorio de la capital francesa fue oyente en la clase de François Bénoist, con quien perfeccionó órgano, mientras lo hacía en contrapunto y fuga con Ambroise Thomas. Pocos meses después ganaba, por oposición, una plaza como profesor de canto en una de las escuelas municipales de París, relacionándose con los compositores Felicien César David, el anciano Auber y, sobre todo, con Charles Gounod, a quien admiraba por sus obras religiosas. El autor de Fausto fue quien recomendó el estreno, en San Eustaquio, de una Misa del joven español, la cual obtuvo bastante éxito. Viajó a Bruselas para conocer al famoso compositor, musicólogo y pedagogo, François Joseph Fetis, y compuso por esta época melodías españolas, italianas y francesas.

        El año 1870 volvió a Málaga y, en casa de la familia Utrera, conoció a la joven alemana Ida Borchardt, que sería pronto su esposa. Del matrimonio nacieron tres hijos, Eduardo, que heredó el amor a la música de su padre, Ida y Cecilio.

        Un año antes se había fundado en Málaga la Sociedad Filarmónica, por impulso del notable operista malagueño Antonio José Cappa. Al trasladarse éste a Madrid, Ocón asumió la dirección de la sociedad, iniciando a la vez una importante labor pedagógica que culminaría, merced a su tesón, en la creación, el 15 de enero de 1880, del Conservatorio malagueño. Luis López Muñoz, discípulo predilecto de Ocón y director del citado Conservatorio, el año que se conmemoraba el primer centenario de Ocón (erróneamente en 1934) refirió entonces que "en aquellos años tuvo el Conservatorio profesores de gran valía: Albéniz, que en las varias temporadas que pasó en Málaga daba armonía y piano; Castro, excelente violonchelista y Teobaldo Power, gran maestro concertista"... También figuraba como profesor de solfeo su discípulo José Cabas Galván, que sucedería a Ocón en la dirección de la Filarmónica a la muerte de éste, de la misma manera que Pedro Adames, entonces profesor de flauta, oboe, clarinete y fagot, sería sucesor de Ocón en la dirección del Conservatorio.

        Como hemos apuntado, Ocón recuperó en los últimos años su cargo de organista de la catedral, influyendo en la restauración de los ya viejos órganos catedralicios, si bien la muerte no le permitió disfrutar de ellos.

        Falleció el músico malagueño el 28 de febrero del año 1901 a causa de una afección pulmonar cuando contaba 67 años de edad. Su talento y su obra habían sido reconocidos oficialmente con numerosas condecoraciones y su entierro constituyó una imponente manifestación de duelo a la que concurrieron todos los estamentos sociales malagueños.

        La producción del compositor andaluz es bastante extensa y se centró fundamentalmente en la música religiosa, para la que estaba especialmente preparado, habiendo dejado en este campo siete misas, tres de ellas a gran orquesta. También encontramos responsorios, motetes, himnos, salves, plegarias, coplas, letanías, avemarías (una de ellas, para voz, violoncello y piano, estrenada en París), el famoso Miserere a cuatro voces, solistas, coro y orquesta, modelo de honda religiosidad, cantatas (una de las cuales se estrenó en el Teatro Real de Madrid en 1881, con motivo del segundo centenario de la muerte de Calderón de la Barca), salmos, etcétera.

        Entre sus numerosas canciones destaca un lied titulado El pescador, sobre Espronceda.

        Gran fama le dio una recopilación de piezas vocales con el título Cantos españoles, colección de aires nacionales y populares, formada e ilustrada con notas explicativas y biográficas. Fue traducida al alemán y publicada por Breitkopf y Hartel, de Leipzig. Recientemente, la soprano Angeles Chamorro y el pianista Emilio López de Saa han grabado algunas de estas castizas composiciones, entre las cuales figuran obras de Manuel García, Fernando Sor, Francisco de Borja Tapia, José León y otros autores de comienzos del siglo XIX.
    Biografía fechada : V-1981.