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  • Francisco Tárrega
  • 1852 - 1909
  • Francisco Tárrega (1852-1909)

    En el florecer por etapas de la guitarra, Francisco Tárrega abre su andadura el 21 de noviembre de 1852 en Villarreal de los Infantes, provincia de Castellón, donde se inició en el estudio de la guitarra con el almeriense Julián Arcas. Pasó después dos años en Valencia, donde consiguió la ayuda del conde de Pacent y de otros protectores entusiasmados con su dominio de la técnica. Amplió su formación con el estudio del piano por consejo de su padre, logrando un buen nivel en ambos instrumentos, en el caso de la guitarra tras adquirir en 1869 una diseñada y construida por el famoso Antonio Torres, que vivía entonces en Sevilla. A la muerte de sus protectores, en 1874, continuó su formación en el Conservatorio de Madrid con dos profesores notables, Galiano y Hernando, cursando teoría, armonía y piano. La dedicación al piano no impidió que se mantuviera fiel a la guitarra, que le sirvió para lograr su primer gran éxito en un recital que ofreció en el teatro Alhambra. Fue este último éxito el que le decidió por dedicarse como intérprete a este instrumento. De esa primera época, centrada en Madrid, Baltasar Saldoni recoge en su Diccionario la referencia a una de sus actuaciones en mayo de 1880 en casa del poeta filipino Sr. Paterno, publicada en La Correspondencia de España, en la que se dice que "Estando encomendada la parte musical al Sr. D. Francisco Tárrega, que es el Sarasate de la guitarra, no hemos oído, ni es posible oír, cosa mejor en semejante instrumento." La comparación nos confirma en qué medida era ya apreciado cuando no había cumplido aún 30 años.
    Volvió a Valencia, desde allí dio el salto a París y aquel mismo año, 1880, ofreció sus primeros recitales en París y Londres, que se prolongaron, con alguna visita a España, hasta 1885 cuando fijó su residencia en Barcelona. Fueron los primeros años de la difusión por Europa de sus obras y de su reconocimiento como intérprete, que fue ampliando en sus giras que alcanzaron a Bruselas, Berna, Roma y otras ciudades europeas, así como el tiempo de sus relaciones con personalidades como Gambetta, Madrazo, Fortuny, Rothschild y otras. A su regreso y hasta 1903 realizó giras de conciertos por España y con mayor frecuencia en Barcelona, donde estableció relaciones con los músicos de su tiempo, y los nombres de Isaac Albéniz, Tomás Bretón. Ruperto Chapí, Felipe Pedrell y Apeles Mestres, aparecen entre los más significativos y asiduos.
    Fueron tiempos de conciertos, del nacimiento de gran parte de sus obras, originales y transcripciones, y de enseñanzas, gracias al prestigio conseguido dentro y fuera de España. Entre sus variados discípulos, dos nombres sobresalientes, los de Miguel Llobet y Emilio Pujol. Es el arranque y los primeros pasos de la moderna escuela de la guitarra, aunque haya entre maestro y discípulos una diferencia esencial, ya que Tárrega tocó siempre con la yema de los dedos y la continuación de su técnica encontró en Pujol a uno de los más decididos defensores del empleo de las uñas. Pero el acercamiento a las obras, el interés por el tratamiento de las transcripciones y su modo de entender y valorar la música misma marcan las líneas generales de un camino que alcanza en gran medida hasta el presente.
    Por lo que se refiere a la diferencia entre tocar con las yemas de los dedos o con las uñas, fue precisamente uno de sus discípulos, Emilio Pujol, que se inclinó por la segunda posibilidad, el que ha analizado con mayor cuidado ambas tendencias en su libro El dilema del sonido en la guitarra. Dice en el caso de Tárrega que la preferencia que "concedió a la sonoridad sin uñas se funda en que siendo éstas materia muerta, aislan el contacto directo de la sensibilidad del artista con la cuerda. La guitarra pulsada viene a ser como una prolongación de nuestra propia sensibilidad y para un temperamento esencialmente emotivo como era el de Tárrega, esta razón nos parece irrefutable." Y termina con un juicio crítico: "No hay que atribuir la menor influencia de sentido imitativo o convencional al cambio de pulsación adoptado por Tárrega; fue una resolución largamente premeditada y progresivamente definida a través de una serie de superaciones sucesivas, nacidas de su ansiedad de perfección."
    Una perfección que alcanza igualmente a la progresiva superación de su música, más centrada al principio en la de salón, que fue adquiriendo mayor nivel en los planteamientos de su nacionalismo, por ejemplo con sus Recuerdos de la Alhambra, para llegar a sus Estudios sobre temas de Haendel o de Alard, así como a los de técnica, de los que el dedicado a la "velocidad", que tendremos ocasión de escuchar es uno de los mejores ejemplos. Estos trabajos tienen un apreciable antecedente en las transcripciones de obras de Bach, Haydn, Mozart, Beethoven o Chopin. También en este aspecto el análisis de Emilio Pujol es certero cuando escribe "Tárrega fue influenciado en sus primeros tiempos por una época de mal gusto... Felizmente también como en el caso de Aguado, su temperamento, su talento y su buen gusto, le impulsaron hacia más depurados horizontes."

    d En 1906 una hemiplejía le afectó el lado derecho dejándole prácticamente incapacitado, pero con su fuerza de voluntad logró no cejar en su empeño hasta recuperarse. De este modo prolongó su actividad en Barcelona hasta su muerte el 15 de diciembre de 1909.

    Biografía fechada: 30-X-2002.